¿Por qué me enfado tan a menudo?

Es muy importante que aprendamos a controlar nuestros estados emocionales , sobre todo, aquellos que más malestar nos producen.

¿En ocasiones te sientes enfadado, rabioso y no sabes por qué? La primera pregunta que te tienes que hacer es: ¿es contigo mismo o con alguien en particular?

Muchas veces ocurre, que esperamos más de los otros de lo que éstos nos pueden dar.
A veces porque no saben, o a veces porque no quieren. El caso es, que gastamos demasiada energía emocional en esperar que las cosas salgan como nosotros queremos. ¿No es un poco irracional?

Hazte esta pregunta: ¿Sólo porque yo quiera, las cosas deben salir del modo en que yo las deseo? ¿Dónde está la evidencia de esta afirmación?

En ocasiones, el enfado se produce porque la situación nos obliga a hacer algo que nos cuesta una barbaridad: Si esta persona no responde como yo necesito, entonces tengo que ser yo quien me exprese y defienda mis intereses .¡Y eso me da miedo!
Miedo, porque el otro se puede enfadar con nosotros, o emitir un juicio erróneo sobre nosotros. Así, para evitar que ésto ocurra, espero no tener que pedir, y que los demás adivinen qué es lo que me conviene. ¿irracional no? Pero es bastante común.

Muchas personas tienen asociado “pedir” o defender nuestros intereses, con una especie de humillación o rebajarse a uno mismo. Por eso esperan no tener que hacerlo y que ” salga del otro ” o que ” Ya me conoce y sabe lo que me molesta “.

Es como esperar que los demás tengan un radar que se active cuando necesitamos algo de ellos sin tener que hablar. Cuando los demás no aciertan, puede darse un doble enfado: con ellos, y conmigo mismo, porque me quedo callado y no defiendo mis intereses.

Otra razón por la que solemos sentir irritabilidad o enfado, es porque nos exigimos algo y si no lo conseguimos, entramos en una especie de batalla campal con nosotros mismos. El crítico interno que todos llevamos dentro, se ha puesto a funcionar y entramos en la bola de la autocrítica y el autorreproche.
Es importantísimo para nuestro bienestar, aprender a controlar ese ” crítico interno ” y ser más benevolentes con nosotros mismos. Hablándonos como hablaríamos a un amigo a quien admiramos y que no ha conseguido lo que esperaba. ¿Le hablarías del mismo modo que te estás hablando a tí?
Aprender a controlar la frustración nos ayudará a sonreír más veces y a enfadarnos menos.

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