RELACIONES CON HOMBRES CASADOS: EL SÍNDROME DE FORTUNATA

Mantener una relación afectiva o sexual con un hombre casado puede ser fruto de una elección personal libre y perfectamente consciente. Sin embargo, cuando en el fondo este tipo de vínculo no es lo que se desea y una siente que lo mantiene por miedo a la soledad y por la dependencia emocional que ha desarrollado hacia un hombre puede que estamos ante un problema que se denomina “síndrome de Fortunata”.

Jorge Barraca ha descrito este síndrome que, según este psicólogo, tendría estas características:

1. Presencia de un sentimiento de amor intenso, repetido y persistente hacia un hombre casado con otra mujer.

2. Actitud desapegada en cualquier otra relación que no sea la establecida con ese hombre.

3. Capacidad para dejar atrás cualquier situación vital, de abandonar todo o asumir cualquier riesgo siempre que se lo pida ese hombre.

4. Creencia de que la vida no tiene sentido o carece de alicientes si no está con ese hombre.

5. Creencia de que es ella la que, en el fondo, tiene más derecho a estar con el hombre aunque no se le reconozca social o legalmente; opinión de que eso sería “lo justo”.

6. La creencia anterior se refuerza si ha tenido hijos con el hombre. O manifiesta deseos intensos de tenerlos si no los ha concebido y procura conseguirlo.

7. Ambivalencia de sentimientos hacia la mujer legítima socialmente (a veces rencor y desprecio, y otras veces comprensión, empatía y proximidad).

8. Creencia de que el amor es el responsable de esta situación, y justificación ante sí misma y ante los demás de la perpetuación de la relación por esta razón.

9. Fantasías optimistas de un futuro junto al hombre, pues imagina que algo sucederá para cambiar la situación y convertirse en la mujer que tenga la relación exclusiva, lo que le lleva a tolerar la presente coyuntura durante años.

El problema en el Síndrome de Fortunata es que se establece una relación que no tiene futuro y que, invariablemente, va a llevar a la tristeza, al sufrimiento y al estancamiento de la propia vida. ¿Por qué ciertas mujeres se enganchan repetidamente en estas situaciones? ¿Por qué se vinculan a hombres que no van a poder darles la vida que ellas desean? Jorge Barraca lo explica así:

 

 

Aunque a la larga la situación resulte negativa para la mujer y limite su propia progresión vital, la gratificación inmediata que siente cuando está con el hombre y el miedo intenso a la soledad y el vacío que implicaría la ruptura perpetúan la situación. Esta situación se ha podido gestar por factores previos, como determinados rasgos de personalidad (baja autoestima, miedo a la soledad, resignación, culpa, etc.), patrones educativos (es bueno sacrificarse, ser abnegada… por un hombre), circunstancias ambientales y sociales (sesgos por la misma naturaleza de la convivencia, mitos sociales sobre el amor, etc.) y valores asociados con los hombres casados (atribución de fuerte personalidad, capacidad de decisión y compromiso, madurez, seguridad, paternalidad, masculinidad, etc.).”

Afortunadamente, existen intervenciones para aquellas mujeres que deseen romper con esta dependencia y no volver a repetir este tipo de relaciones. En estos casos Jorge Barraca recomienda un tratamiento que aúna tres aspectos:

a. La toma de conciencia del problema y el malestar aparejado a su perpetuación

b. El proveer a la mujer de estrategias para enfrentarse a los momentos de malestar intenso que acarreará tratar de deshacer esta dependencia (aquí se proponen distintas técnicas psicológicas que se van presentando a lo largo de la terapia).

c. La atención a una serie de aspectos sobre la dinámica de la ayuda terapéutica, como son su previsible larga duración, la implicación y el compromiso con el proceso y la preparación para las posibles vueltas atrás.

Una información más detallada de este síndrome de Fortunata y de cómo tratarlo se encontrará en este enlace.

 

 

 

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